El cáncer de piel y los tipos de cáncer de piel

El cáncer de piel se puede dividir en dos grandes grupos: el cáncer cutáneo no melanoma (CCNM) y el melanoma (CCM, del inglés cutaneous malignant melanoma). Ambos tipos han aumentado de forma muy significativa en los últimos años. De hecho, se considera que el carcinoma basocelular es el tumor maligno más frecuente en el ser humano.

El carcinoma basocelular, que se engloba dentro del CCNM, tiene su origen en las células no queratinizadas de la capa basal de la epidermis1. Habitualmente es un tumor de crecimiento lento con posibilidad de invasión local y que provoca una gran destrucción en los tejidos y estructuras vecinas; sin embargo, su capacidad metastásica es prácticamente nula. El principal factor de riesgo, como en la mayoría de los tumores cutáneos, es la exposición solar excesiva por lo que se suele localizar en zonas fotoexpuestas, si bien suele aparecer sobre piel sana, sin una lesión precursora2. Es más frecuente en varones a partir de los 70 años, aunque la tendencia actual es la aparición precoz en mujeres más jóvenes, probablemente en relación a un aumento de la exposición solar como hobbie.

Por otro lado, el segundo tipo de tumor más frecuente en la piel es el carcinoma epidermoide o escamoso, que deriva de los queratinocitos de la epidermis3. Es más frecuente en personas mayores de 70 años y, de nuevo, su principal factor de riesgo es una exposición solar crónica, por lo que a menudo aparece en localizaciones fotoexpuestas como cara o dorso de las manos aunque, a diferencia del carcinoma basocelular, este también puede asentarse en las mucosas. Este tipo de tumor suele afectar a pieles con un gran daño solar y, frecuentemente, se desarrolla sobre una lesión precursora: la queratosis actínica.

Clínicamente se observa como una pápula o nódulo de superficie friable que se puede ulcerar y formar una costra característica; por ello es frecuente que, tras un traumatismo, el paciente refiera un sangrado. Suelen crecer de una forma más rápida que el basocelular y alcanzar gran tamaño en pocos meses. La mayoría de los tumores epidermoides tienen un comportamiento benigno; sin embargo, no hay que olvidar que su capacidad de metástasis a distancia es mayor, en torno a un 5 %, y su mortalidad puede llegar al 1 % por lo que es importante su diagnóstico y manejo precoz por parte de un dermatólogo3. El tratamiento de elección es de nuevo la cirugía, con un margen de seguridad mayor que otros tumores. No obstante, en casos paliativos o tumores muy superficiales, se pueden emplear tratamientos no quirúrgicos como la terapia fotodinámica o incluso tratamientos tópicos4.

Por su parte, el melanoma, que tiene su origen en las células melanocíticas, es el tumor cutáneo más temido debido a su elevada agresividad y mortalidad en fases avanzadas5. Por ello, se hace imprescindible el screening y su detección precoz. La incidencia del melanoma maligno ha aumentado de forma dramática en las últimas décadas, siendo sus principales factores de riesgo los antecedentes familiares, la presencia de nevus displásicos y las quemaduras o una exposición solar intermitente intensa, especialmente en etapas tempranas de la vida.

Lo más importante para su diagnóstico es la evaluación de las lesiones pigmentadas para identificar si cumple algún criterio de la conocida regla ABCDE:

  • Asimetría: tanto en color como en forma, si la lesión fuese dividida a la mitad.
  • Bordes: asimétricos o irregulares.
  • Color: más de dos colores que son poco homogéneos o con cambios de tonalidad.
  • Diámetro: mayor de 0,6 cm.
  • Evolución: crecimiento, ulceración, sangrado, prurito o aparición de un nuevo lunar en una persona adulta6.

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Ante cualquier signo de alarma relacionado con un lunar existente o nuevo, el paciente debe ser derivado para su valoración por un dermatólogo. Según la información histológica del índice de Breslow o la profundidad de la lesión se procederán a realizar otros tratamientos como la ampliación de la cicatriz, biopsia del ganglio centinela, linfadenectomia o tratamiento adyuvante según proceda6.

Fuentes

  1. Trakatelli M, Morton C, Nagore E, Ulrich C, Del Marmol V, Peris K, Basset-Seguin N. Update of the European guidelines for basal cell carcinoma management. Eur J Dermatol 2014;24:312-29.
  2. Hauschild A, Breuninger H, Kaufmann R, Kortmann RD, Klein M, Werner J et al. Brief S2k guidelines- Basal cell carcinoma of the skin. J Dtsh Dermatology Ges 2013;11 (Suppl.3):10-5.
  3. Stratigos A, Garbe C, Lebbe C, Malvehiy J, del Marmol V, Pehamberger H et al. Diagnosis and treatment of invasive squamous cell carcinoma of the skin: European consensus- based interdisciplinary guideline. Eur J Cancer 2015;51(14):1989-2007.
  4. Bonerandi JJ, Beauvillain C, Caquant L, Chassagne JF, Chaussade V, Clavère P et al. Guidelines for the diagnosis and treatment of cutaneous squamous cell carcinoma and precursor lesions. J Eur Dermatol Venereol 2011;25(Suppl.5):1-51.
  5. Bichakjian CK, Halpern AC, Johnson TM, Hood AF, Grichnik JM, Swetter SM et al: Guidelines of care for the management of primary cutaneous melanoma. J Am Acad Dermatol 2011;65:1032-47.
  6. Sladden MJ, Nieweg OE, Howle J, Coventry BJ, Thompson JF. Updated evidence-based clinical practice guidelines for the diagnosis and management of melanoma: definitive excision margins for primary cutaneous melanoma. Med J Aust 2018;208(3):137-142.
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